El Misterioso Volcán de los Suicidios : La historia del monte Mihara y sus mas 1000 muertes
El 12 de febrero de 1933, una niña japonesa de 19 años llamada Kiyoko Matsumoto se suicidó al saltar al cráter volcánico activo del Monte Mihara, en la isla de Izu Ōshima.
Kiyoko había desarrollado un enamoramiento con uno de sus compañeros estudiantes llamado Masako Tomita. Dado que las relaciones lésbicas se consideraban tabú en la cultura japonesa de la época, Kiyoko y Masako decidieron viajar por el volcán para que Kiyoko pudiera terminar su vida allí en la temperatura infernal de 1200 ° C.
La historia de Matsumoto y su nota suicida fueron publicadas en los periódicos y se volvió una sensación mediática, incluso turística. La Compañía de Barcos de Vapor de la Bahía de Tokio abrió una ruta al Monte Mihara llamada “Punto de suicidio”. Algunos turistas iban a isla Izu Oshima para ver gente arrojarse al cráter.
Desde 1920 se habían registrado suicidios en el volcán Mihara, pero éstos incrementaron considerablemente a partir de la muerte de Matsumoto. El mismo año en el que la joven murió, se arrojaron 944 personas al cráter. Dos años más tarde se sumaron 350, y 1386 lo intentaron sin éxito. El suicido en ese entonces era legal en Japón, por lo que las autoridades no hicieron gran cosa por detener la ola.
En los próximos dos años, se reportaron 350 suicidios más en este siniestro punto volcánico.
En 1956 Fumisuke Onodera y Chieko Numakura, de Tokio, intentaron suicidarse en el volcán Mihara tras enterarse de la tuberculosis de Numakura, pero cayeron en un borde a 10 metros de la lava y reconsideraron su decisión. Onodera intentó escalar con Chieko a cuestas, pero al ver que no podría llegar a la cima de esta manera, subió solo y logró salir, por lo que pudo conseguir rescate para Chieko. Ambos sobrevivieron, aunque gravemente quemados.
La ola de suicidios en este volcán terminó una vez que pusieron las medias de seguridad necesarias y se volvió ilegal comprar un boleto de ida sin regreso a la isla Izu Oshima.
Por una curiosidad irresistible de la naturaleza humana, algunos visitantes a menudo viajaban al Monte Mihara solo para ver las escenas de muerte.
