La búsqueda de civilizaciones extraterrestres: más allá de las señales convencionales
En la incansable búsqueda de civilizaciones más allá de nuestro sistema solar, los científicos se enfrentan a un dilema: ¿qué signos buscar en el vasto cosmos? Históricamente, nuestra estrategia se ha centrado en rastrear señales detectables que podríamos emitir, asumiendo que otras civilizaciones seguirían un camino tecnológico similar al nuestro. Sin embargo, esta táctica, aunque lógica, podría no ser la más efectiva a medida que las civilizaciones avanzan y evolucionan.
A lo largo de los siglos, hemos presenciado cómo nuestra propia sociedad ha evolucionado tecnológicamente a pasos agigantados, dejando atrás métodos de comunicación obsoletos en favor de nuevos avances. Este rápido progreso plantea la posibilidad de que otras civilizaciones inteligentes también puedan optar por el silencio tecnológico, haciendo que la detección sea aún más desafiante.
En respuesta a este desafío, los científicos han especulado sobre el tipo de señales que podrían enviar civilizaciones más avanzadas y qué nivel de tecnología sería necesario para enviarlas. Si bien esta especulación es intrínsecamente incierta, se han propuesto algunas ideas sobre qué tipo de señal tendría sentido y qué contenido debería llevar para ser reconocido como originario de una inteligencia consciente.
“En la década de 1960, la estrategia era focalizarse en una región específica alrededor de una frecuencia bien conocida donde el hidrógeno neutro emite radiación en el espacio interestelar, 1,42 GHz”, explicó Bryan Brzycki, estudiante graduado de astronomía en Berkeley. Esta emisión, ubicua en toda la galaxia, se consideraba un punto de referencia universal, lo que sugería que cualquier civilización inteligente podría apuntar a esta frecuencia para maximizar la posibilidad de detección. Desde entonces, la búsqueda de inteligencia extraterrestre ha evolucionado, abarcando una variedad de enfoques tecnológicos más avanzados.
Sin embargo, enviar señales a través de vastas distancias en la galaxia o el universo, especialmente señales continuas que maximizarían nuestras oportunidades de detección, requeriría una cantidad colosal de energía, mucho más allá de nuestras capacidades actuales. En 1963, el astrónomo soviético Nikolai Kardashev intentó calcular el tipo de energía necesaria para tales transmisiones y los niveles de avance tecnológico que una civilización tendría que alcanzar para lograrlo.
Kardashev categorizó hipotéticas civilizaciones en tres tipos según su capacidad para aprovechar la energía de su entorno. Las civilizaciones de Tipo I podrían aprovechar toda la energía disponible en su planeta, mientras que las de Tipo II podrían aprovechar la energía de su estrella, incluso construyendo estructuras como esferas Dyson. Las civilizaciones de Tipo III serían capaces de aprovechar la energía de toda su galaxia.
Aunque las civilizaciones de Tipo I pueden ser difíciles de detectar debido a su modesta producción de energía, las señales enviadas por civilizaciones de Tipo II y III podrían ser teóricamente detectables por civilizaciones menos avanzadas, como la nuestra, utilizando tecnología convencional. Sin embargo, esta suposición plantea interrogantes éticos sobre la intención detrás de tales transmisiones y sus posibles consecuencias.
La escala de Kardashev no solo nos proporciona una idea de qué tipo de civilizaciones podríamos detectar, sino que también abre la puerta a otras posibilidades fascinantes, como la búsqueda de megaestructuras utilizadas para aprovechar enormes cantidades de energía en el cosmos. En última instancia, mientras continuamos nuestra búsqueda de civilizaciones extraterrestres, debemos mantener la mente abierta a las infinitas posibilidades que el universo puede ofrecer.
