Sistemas de supresión geológica: La guerra fría invisible contra fenómenos aéreos no identificados
Documentos desclasificados, patrones geológicos y tecnología soviética revelan una estrategia oculta para contener lo inexplicable”
En las profundidades de la geología estratificada cerca del otrora ultrasecreto Depósito del Ejército de Seneca, en el norte del estado de Nueva York, yace un enigma que trasciende el mero secretismo militar. Este sitio, que albergó una de las mayores reservas de armas nucleares al este de las Montañas Rocosas, no solo fue diseñado para resistir ataques enemigos, sino que presenta características geofísicas y electromagnéticas que sugieren un propósito más profundo: la supresión activa de fenómenos aéreos no identificados (FANIs).
Lo que comenzó como un análisis rutinario de muestras de suelo se transformó en una hipótesis revolucionaria: la correlación sistemática entre instalaciones nucleares, actividad de FANIs y el uso estratégico de materiales naturales como barreras energéticas. Este artículo explora la evidencia de los llamados Sistemas de Supresión Geológica (SSG), un marco teórico que podría redefinir nuestra comprensión de la Guerra Fría y su legado oculto.
El Origen: Černohajev y la Ciencia Soviética de la Resonancia
En 2019, las notas del ingeniero aeroespacial soviético Valerij Černohajev salieron a la luz, revelando una teoría audaz pero matemáticamente consistente: ciertos materiales —cuarzo, arcilla estratificada, sustratos ferromagnéticos y terrenos saturados de agua— podían modular la interacción entre vehículos avanzados y el campo energético terrestre. Černohajev, cuya obra data de los años 80, postuló que el terreno podía “ajustarse” para resistir o recibir objetos de diseño desconocido.
Su trabajo, inicialmente ignorado, adquirió relevancia al vincularse con patrones de avistamientos de FANIs en instalaciones nucleares. ¿Fue esta ciencia la base de una estrategia global no declarada?
Seneca: El Sitio que Cambió el Paradigma
El Depósito del Ejército Seneca, activo entre 1941 y 2000, fue epicentro de numerosos avistamientos de FANIs, desde objetos sumergiéndose en el lago Seneca hasta luces sobre iglús nucleares. Tras su cierre, los informes no cesaron, pero su naturaleza cambió: de interacciones físicas a meras observaciones pasivas.
Un estudio geológico reveló anomalías:
Capas de cuarzo y óxido de hierro, con propiedades piezoeléctricas y magnetoestrictivas.
Arcillas estratificadas y aguas subterráneas, actuando como barreras dieléctricas.
Infraestructura LORAN-C, cuyas señales de baja frecuencia interactuaban con el lecho rocoso.
Este diseño no era casual. Seneca parecía un experimento a gran escala: un sistema de modulación energética camuflado en la geología.
Chernóbil: El Punto de Inflexión
El desastre de 1986 marcó un cambio global en el comportamiento de los FANIs. Testigos reportaron objetos oscuros sobre el reactor 4, coincidiendo con la disolución del Instituto 22, el equivalente soviético del Proyecto Libro Azul. Tras Chernóbil, los FANIs dejaron de interferir con sistemas nucleares, adoptando un perfil más observador.
¿Fue el accidente una demostración de los límites de la supresión geológica? ¿O acaso la comunidad internacional implementó contramedidas basadas en terrenos?
La Hipótesis de los Sistemas de Supresión Geológica (SSG)
La evidencia sugiere que, desde los años 50, EE.UU. y la URSS exploraron el uso de terrenos como escudo electromagnético. Programas como LORAN, ELF y estudios de DARPA demostraron que la geología podía ser “sintonizada” para amortiguar campos energéticos.
Componentes clave de un SSG:
Cuarzo: Reflexión vibracional.
Óxido de hierro: Distorsión de campos magnéticos.
Arcilla y agua subterránea: Blindaje dieléctrico.
Si esta hipótesis es correcta, sitios como Seneca, Cheyenne Mountain o incluso Chernóbil podrían ser parte de una red global de supresión, diseñada para neutralizar la interacción FANI-nuclear.
Implicaciones y Llamado a la Investigación
Las preguntas son urgentes:
¿Otros sitios nucleares presentan modificaciones geológicas similares?
¿Existen patentes o documentos clasificados que confirmen esta estrategia?
¿Cómo afecta esta tecnología al ambiente y a posibles inteligencias no humanas?
Invitamos a geólogos, ingenieros y periodistas a colaborar en este esfuerzo. La verdad no solo está en los archivos, sino bajo nuestros pies.
La Guerra Fría no solo fue una contienda de misiles y espionaje. Quizá fue también una guerra silenciosa contra lo desconocido, librada con resonancia y piedras. Si los SSG existen, su descubrimiento reescribirá la historia, no solo de los FANIs, sino de nuestra relación con la Tierra misma.