La evidencia más allá del “histeria colectiva”: Los datos científicos que persiguen el misterio del fenómeno aéreo no identificado
La persistencia de avistamientos, incluso después de declaraciones oficiales, y la recopilación de pruebas por parte de investigadores independientes sugieren que la historia no ha terminado.
Un objeto luminoso invisible al ojo humano flota sobre el Atlántico frente a Long Island, registrado solo por cámaras infrarrojas. Una formación triangular negra emerge de una nube aislada y es captada simultáneamente por radar y analizadores de espectro. Estos no son argumentos de una película de ciencia ficción, sino casos concretos documentados por investigadores independientes en el corredor aéreo más transitado de Estados Unidos. Mientras las autoridades federales declararon cerrado el caso de los “drone no identificados” que sobrevolaron Nueva Jersey y Nueva York a finales de 2024, una investigación basada en datos multiespectrales y testimonios de testigos expertos sugiere que el fenómeno, lejos de ser un episodio de “histeria colectiva”, podría representar una anomalía persistente y tecnológicamente sofisticada.
Una cronología oficial con interrogantes persistentes
El episodio de avistamientos masivos que captó la atención nacional comenzó el 13 de noviembre de 2024, sobre el Arsenal Picatinny en Nueva Jersey. En las semanas siguientes, miles de informes de ciudadanos, policías e incluso personal militar describieron drones volando de noche, a veces en grupos, sobre infraestructuras críticas y áreas residenciales.
La respuesta oficial fue gradual. En diciembre, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional emitieron una declaración conjunta afirmando que no tenían evidencia de una amenaza a la seguridad nacional. Para enero de 2025, la administración Trump declaró que la mayoría de los objetos eran drones autorizados por la FAA (Administración Federal de Aviación). Una investigación posterior de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) concluyó que muchos avistamientos, incluidos los que involucraban drones siguiendo un barco de la Guardia Costera, habían sido identificados positivamente como aviones comerciales realizando aproximaciones en “S” al Aeropuerto JFK.
Sin embargo, esta explicación no convenció a todos. Legisladores como el congresista Chris Smith cuestionaron las conclusiones, basándose en la experiencia de los oficiales que hicieron los reportes. Esta discrepancia entre la versión oficial y las observaciones de testigos entrenados dejó una puerta abierta a la especulación y a una investigación independiente más profunda.
Método científico en la playa: El equipo Nightcrawler
En paralelo a la confusión oficial, un grupo de investigadores independientes, conocidos como el equipo Nightcrawler, llevaba años monitoreando metódicamente los cielos sobre Long Island, una zona de intenso tráfico aéreo comercial y militar. Su enfoque se distingue por el uso de tecnología de punta no destinada al público general: cámaras hiperspectrales, térmicas, de visión nocturna, radares de banda X y analizadores de espectro de radiofrecuencia.
Los tres casos documentados por este equipo en 2025 desafían las explicaciones convencionales:
La esfera luminosa no visible: El 5 de julio, detectaron un objeto esférico autoluminoso en la superficie del océano Atlántico. Era completamente invisible para el ojo humano, pero aparecía claramente en cámaras infrarrojas y térmicas, donde se mostraba más frío que el agua que lo rodeaba. El objeto se movía contra el viento, sin producir sonido ni estela, y parecía no interactuar con las olas.
El triángulo negro y la nube anómala: El 29 de agosto, instrumentos a bordo de su laboratorio móvil detectaron una señal anómala de radiofrecuencia. Al correlacionarla con el radar, localizaron un objetivo que coincidía con una nube aislada de tormenta. Usando cámaras de infrarrojo de onda corta, determinaron que la nube carecía del contenido de humedad propio de un cumulonimbo. De su interior emergió un objeto de forma triangular negra, captado visualmente con binoculares de alto grado, que se movía a más de 300 km/h en completo silencio.
El objeto ígneo del 4 de julio: Durante los festejos del Día de la Independencia, un testigo experimentado, la esposa de uno de los investigadores, observó un objeto rojo anaranjado brillante, del tamaño de un automóvil pequeño, volando en silencio a baja altitud. El objeto cambió de forma ovalada a esférica mientras pasaba, dejando una leve estela de vapor, y fue grabado por múltiples cámaras.
Explicaciones y teorías en conflicto
Las hipótesis para estos fenómenos caen en tres categorías amplias y controvertidas:
Tecnología humana avanzada y encubierta: La teoría más terrestre sugiere que se trata de pruebas de sistemas aéreos no tripulados o vehículos de próxima generación. Un artículo del New York Post de octubre de 2025 citaba a un empleado de un contratista privado que afirmaba que el “gran susto de ovnis en Nueva Jersey” del año anterior había sido causado por pruebas de su aeronave, un curioso vehículo de cuatro alas. Este contratista alegó operar bajo un contrato gubernamental privado que no requería divulgación pública. La compañía de aviación Pivotal, identificada como propietaria de la aeronave mostrada, negó categóricamente cualquier participación en los eventos de Nueva Jersey.
Fenómeno Aéreo No Identificado (FANI) de origen no humano: Los investigadores del equipo Nightcrawler, basándose en las capacidades observadas (sigilo visual, térmico y posiblemente radar, propulsión silenciosa, aceleración extrema), se inclinan por esta posibilidad o por la de una tecnología humana basada en ingeniería inversa de origen desconocido. La hipótesis de un “motor de curvatura” o distorsión gravitacional local se ha sugerido para explicar las aberraciones visuales y las interferencias en los instrumentos.
Observación sistemática: Una teoría intermedia propone que objetos esféricos luminosos, posiblemente de naturaleza no humana, están siendo monitoreados o “rastreados” por drones militares o gubernamentales más convencionales, lo que explicaría la presencia simultánea de ambos tipos de avistamientos.
Implicaciones y una llamada a la transparencia
La persistencia de estos avistamientos en una de las regiones más sensibles desde el punto de vista de la seguridad aérea del mundo plantea preguntas urgentes. Si se trata de tecnología extranjera adversaria con capacidades de sigilo tan avanzadas, representa una falla crítica en la defensa aérea. Si es un programa doméstico ultrasecreto, su prueba en espacios aéreos civiles congestionados sin notificación plantea graves riesgos y cuestiones de transparencia democrática.
Los investigadores ciudadanos han llevado sus datos a instancias como el FBI, y aseguran que hay un interés genuino y serio por parte de la agencia. Este interés contrasta con el relativo silencio público y las explicaciones generalizadas ofrecidas hasta la fecha.
El fenómeno trasciende la anécdota. Como señalan estos investigadores, patrones similares de objetos esféricos luminosos con capacidades de sigilo se reportan en lugares tan distantes como Grecia, lo que sugiere un fenómeno global. La combinación de testimonios de expertos, datos instrumentales multifuente y la incapacidad de las explicaciones prosaicas para dar cuenta de todas las características observadas construye un caso para que la investigación científica formal y desclasificada tome el relevo.
La conclusión, por ahora, es que el cielo sobre nuestras ciudades más populosas guarda misterios que ni el escepticismo oficial ni la credulidad popular han logrado descifrar. El trabajo de investigadores independientes, aplicando el método científico a la frontera de lo desconocido, sigue siendo esencial para separar la señal del ruido y acercarnos, con datos en la mano, a una respuesta definitiva.
