La Órbita del Milenio: Un Cometa con Movimiento “Geosíncrono” Explica el Misterio Astronómico de la Estrella de Belén según estudio de NASA

Un estudio de la NASA modela la trayectoria de un cometa del siglo I a.C., proporcionando la primera explicación científica que concuerda con la descripción bíblica de su movimiento aparente.

Durante siglos, la mención de la Estrella de Belén en el Evangelio de Mateo ha desafiado a astrónomos, historiadores y teólogos. La descripción de un cuerpo celeste que guía y luego se detiene sobre un lugar específico contradice las leyes conocidas del movimiento de los astros. Ahora, una investigación liderada por un científico de la NASA ofrece una hipótesis revolucionaria que, por primera vez, encuentra un candidato astronómico real cuyas propiedades orbitales podrían replicar el fenómeno descrito, combinando registros históricos chinos y sofisticadas simulaciones computacionales.

El astrónomo Mark Matney, del Centro Espacial Johnson, ha centrado su análisis en un cometa documentado en crónicas chinas durante la primavera del año 5 antes de nuestra era. Estos registros, meticulosos y fiables, detallan un objeto brillante visible durante más de setenta días. Utilizando estos datos como punto de partida, Matney realizó complejas simulaciones numéricas para retroceder en el tiempo y reconstruir las posibles órbitas de este visitante celeste, cruzando esta información con la cronología histórica del reinado de Herodes el Grande.

El hallazgo clave del estudio, publicado en el Journal of the British Astronomical Association, reside en una reconstrucción orbital específica. Esta sugiere que el cometa pudo acercarse a la Tierra a una distancia extraordinariamente pequeña, quizás comparable a la de la Luna. Esta proximidad extrema habría provocado un efecto óptico único: durante varias horas, el movimiento propio del cometa en el cielo se vería compensado por la rotación terrestre, creando la ilusión de que el objeto permanecía estacionario en el firmamento, un fenómeno que los astrónomos denominan movimiento “geosíncrono temporal”.

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Trayectoria del cometa (verde) en altitud y azimut, tal como se habría visto en el cielo sobre Jerusalén y Belén la mañana del 8 de junio del año 5 a. C. Las horas indicadas corresponden al mediodía local, cuando el sol (rojo) cruzó el meridiano. El cometa salió la noche anterior alrededor de las 22:00 y se encontraba justo al oeste del sur al amanecer. Durante su aproximación a la Tierra, mantuvo un azimut casi constante, alineado con la carretera de Jerusalén a Belén (azul), a la vez que ganaba altitud. Alrededor de las 10:00, se situó a pocos grados del cenit, donde permaneció estacionario durante varias horas. Fuente: Mark Matney

Esta peculiaridad astronómica encaja de manera notable con el relato bíblico. Para unos observadores viajando desde Jerusalén hacia el sur, en dirección a Belén, el cometa, situándose en una posición casi cenital, podría haber aparecido primero como un guía delante de ellos y, posteriormente, al “detenerse” su movimiento aparente, como posado sobre la localidad de destino. El modelo de Matney sitúa este evento hipotético en la mañana del 8 de junio del año 5 a.C., proporcionando una fecha y una mecánica celeste concreta.

La investigación trasciende la mera mecánica orbital para adentrarse en la interpretación histórica y cultural. En el contexto del mundo antiguo, los cometas eran universalmente considerados presagios de gran importancia, anunciadores del nacimiento o muerte de reyes y de cambios de era. Un cometa de brillo excepcional, visible incluso de día debido a su proximidad, habría sido interpretado por sabios orientales (los “magos”) como una señal inequívoca y poderosa, digna de emprender un viaje de gran significado.

Matney es cauteloso y aclara que su trabajo no pretende ofrecer una prueba definitiva, sino una explicación físicamente plausible y coherente con las fuentes disponibles. Las incertididumbres inherentes a los registros antiguos y a los modelos orbitales a tan larga distancia temporal impiden una identificación absoluta. Sin embargo, su estudio marca un punto de inflexión al desplazar el debate desde el terreno de la especulación simbólica o astrológica hacia el ámbito de la dinámica celeste cuantificable.

La “Estrella de Belén”, por tanto, podría dejar de ser un símbolo puramente teológico para convertirse en un evento astronómico excepcional y rarísimo, documentado independientemente por civilizaciones distantes y cuya trayectoria, dos milenios después, puede ser recreada por la ciencia moderna. Este estudio no resuelve la cuestión de la fe, pero ilumina con una nueva luz —la de un posible cometa en una órbita única— uno de los enigmas celestes más perdurables de la historia humana.

 

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