En Japón, aprendieron a crear hormigón comestible.
La situación alimentaria mundial se describe mejor con la expresión “aquí hay mucha densidad, pero está vacío”, que, con un consumo total de 1.300 millones de toneladas de alimentos al año, genera costos muy altos.
Para los países desarrollados, el problema del procesamiento del desperdicio de alimentos también es grave, y en la Universidad de Tokio se ha propuesto una nueva forma de resolver este problema. Un equipo dirigido por Yuya Sakai ha desarrollado una tecnología para convertir alimentos caducados en materiales de construcción que no solo son comestibles, sino también más sabrosos que los ingredientes originales.
El método de obtención de materiales de construcción a partir de aserrín se tomó como base, solo aquí los restos de varias verduras sirven como materia prima. Se secan en una cámara de vacío y se muelen hasta convertirlos en polvo, y luego se agregan especias para darle sabor. El polvo se diluye con un poco de agua y se presiona a alta temperatura para hornear el material.
La salida es algo relativamente suave, se puede roer como una briqueta de sopa instantánea, pero al mismo tiempo la sustancia es más fuerte que el hormigón al doblar. Los especímenes más duraderos fueron de la col china, superaron tres veces el “hormigón comestible” de la calabaza. Sin procesamiento adicional, dicho material resiste la descomposición hasta por cuatro meses.
Lo más interesante es que ciertos tipos de desechos, así como las especias, se pueden combinar en una gama muy amplia. Y así obtener materiales con diferentes propiedades operativas y gastronómicas. Los científicos japoneses confían en que pueden usarse, si no en la construcción de capital, al menos en la decoración de edificios.
