¿Extraterrestres humanoides o criaturas imposibles? La ciencia tras las formas de vida alienígena
El cosmos es un vasto lienzo de posibilidades, con miles de millones de planetas orbitando estrellas lejanas. Si la vida surgió en la Tierra, ¿por qué no en otros mundos? Pero la pregunta más intrigante no es solo si existe vida extraterrestre, sino cómo podría ser. ¿Serán similares a nosotros, como sugieren incontables películas de Hollywood, o adoptarán formas tan extrañas que ni siquiera podríamos reconocerlas como vida? La respuesta podría estar en un debate científico que enfrenta dos visiones de la evolución: la predeterminada y la impredecible.
La influencia de Hollywood y la hipótesis de la convergencia evolutiva
Desde Star Wars hasta Avatar, el cine ha popularizado la idea de que los extraterrestres son, en esencia, humanoides: dos ojos, extremidades articuladas y una estructura corporal similar a la nuestra. Incluso en Guardianes de la Galaxia, donde Groot es un ser arbóreo, su diseño sigue siendo reconocible. Sin embargo, algunas producciones, como La Llegada, desafían esta noción con criaturas tan ajenas a nuestra comprensión que su mera existencia cuestiona los límites de la biología.
Carl Sagan, célebre astrónomo y divulgador científico, afirmó en una ocasión: “Los extraterrestres serán muy diferentes a nosotros”. Pero, ¿estaba en lo cierto? La evolución convergente sugiere que, bajo condiciones similares, la naturaleza puede llegar a soluciones semejantes. Ejemplos en la Tierra no faltan: los delfines y los tiburones, aunque evolutivamente distantes, desarrollaron cuerpos hidrodinámicos para moverse en el agua. Las alas de murciélagos y aves, aunque de origen distinto, cumplen la misma función.
Si esto es así, ¿podríamos esperar que en un planeta con gravedad, atmósfera y océanos parecidos a los nuestros, surgieran seres con características humanoides? Algunos científicos, como Simon Conway Morris, defienden que la evolución tiende a repetir patrones, lo que haría plausible la existencia de alienígenas con rasgos similares a los humanos: extremidades para manipular objetos, ojos frontales para la percepción de profundidad y quizás incluso inteligencia avanzada.
El otro lado de la moneda: cuando la evolución es impredecible
Sin embargo, no todos los casos de evolución siguen la regla de la convergencia. Algunas criaturas terrestres son únicas, sin equivalentes en otros ecosistemas. El ornitorrinco, con su pico de pato y reproducción ovípara, es un ejemplo. Los perezosos, adaptados a una vida arbórea lenta, no tienen réplicas exactas en otros continentes, a pesar de que hay hábitats similares.
Esto plantea una pregunta incómoda: si la evolución es tan predecible, ¿por qué no hay “ornitorrincos” en África o “perezosos” en Asia? La respuesta podría estar en el azar genético y en las condiciones iniciales de cada linaje evolutivo. Las mutaciones aleatorias, los eventos de extinción masiva y las interacciones ecológicas únicas pueden llevar a soluciones radicalmente diferentes, incluso en entornos parecidos.
Un estudio publicado en Nature en 2020 analizó la evolución de especies en islas remotas y encontró que, aunque algunas adaptaciones se repiten (como el gigantismo o el enanismo insular), muchas otras son completamente únicas. Esto sugiere que, aunque ciertos rasgos puedan ser recurrentes, la vida alienígena podría sorprendernos con diseños biológicos que desafíen nuestra imaginación.
¿Qué significa esto para la búsqueda de vida extraterrestre?
La conclusión es que ambas visiones podrían ser correctas. En planetas con condiciones análogas a la Tierra, quizás existan seres con rasgos convergentes: simetría bilateral, órganos sensoriales especializados y quizás incluso sociedades tecnológicas. Pero en mundos radicalmente distintos —con quimiosíntesis en lugar de fotosíntesis, mares de metano o gravedades extremas— la vida podría tomar formas que ni siquiera reconozcamos como tal.
La próxima generación de telescopios, como el James Webb, podría ofrecer pistas al estudiar las atmósferas de exoplanetas en busca de biofirmas. Pero hasta que no encontremos vida más allá de nuestro planeta, el debate seguirá abierto.