Hubble detecta un brillo anómalo en 3I/ATLAS y desata nuevamente el debate científico sobre su procedencia
Nuevos datos del Hubble sobre el tercer objeto interestelar detectado revelan un brillo anómalo, reabriendo la polémica hipótesis sobre su posible origen artificial y la necesidad de preparación ante lo desconocido.
Astrónomos y astrofísicos de todo el globo centran sus telescopios y su atención en 3I/ATLAS, el enigmático objeto que surca nuestro Sistema Solar tras ser identificado como el tercer visitante interestelar confirmado, después de los célebres ‘Oumuamua (2017) y el cometa Borisov (2019). Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, 3I/ATLAS presenta una serie de anomalías tan desconcertantes que han fracturado el consenso científico, llevando a algunos expertos a plantear abiertamente la posibilidad, aunque remota, de que no se trate de un simple cometa.
La controversia se avivó considerablemente en agosto de 2025, cuando un equipo internacional publicó un nuevo análisis de datos procedentes del telescopio espacial Hubble. La información reveló que el brillo intrínseco de 3I/ATLAS es significativamente mayor de lo que podría explicarse únicamente por el mero reflejo de la luz solar sobre su superficie. Esta peculiaridad sugiere la presencia de mecanismos activos o de materiales altamente reflectantes que lo diferencian de los objetos naturales comunes.
En el epicentro de este debate se encuentra el controvertido y reconocido profesor Avi Loeb del departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard. Loeb, quien anteriormente sugirió que ‘Oumuamua podría ser una vela luminica de origen artificial, ha sido vocal respecto a 3I/ATLAS. El científico postula que el exceso de luminosidad podría deberse a una fuente de energía interna, comparable a un reactor de propulsión nuclear en desuso, o a una estructura diseñada para reflejar la luz de manera específica. Además, ha señalado que su trayectoria, que evita una aproximación directa a la Tierra, podría interpretarse como una maniobra deliberada para eludir una observación detallada con instrumentos terrestres.
No obstante, la postura mayoritaria dentro de la comunidad astronómica se inclina hacia una explicación natural. La hipótesis predominante es que 3I/ATLAS es un núcleo cometario interestelar, compuesto por hielos y polvo, cuya actividad es impulsada por la sublimación de sus materiales al acercarse al Sol. Los datos de su espectro de luz, aunque preliminares, no han mostrado evidencias firmes de tecnología o materiales no naturales. La NASA ha sido enfática al señalar que el objeto no representa una amenaza de colisión, ya que en su punto más cercano a la Tierra se mantendrá a una distancia segura de 274 millones de kilómetros.
Pese al escepticismo general, el profesor Loeb insta a la cautela y a la preparación. En declaraciones recogidas por varios medios, calificó al objeto de “potencialmente hostil”, aunque matizó inmediatamente que la probabilidad estadística favorece abrumadoramente un origen natural. “La prudencia científica no reside en descartar lo extraordinario por improbable, sino en investigarlo con rigor. Si, contra todo pronóstico, 3I/ATLAS resultara ser artificial, la humanidad debe estar preparada para considerar las implicaciones y, potencialmente, tomar medidas de protección”, afirmó.
La aproximación máxima de 3I/ATLAS al Sol, evento conocido como perihelio, está calculada para el 30 de octubre de 2025, alcanzando una distancia de aproximadamente 209 millones de kilómetros de nuestra estrella. Este momento crucial permitirá a los observatorios de todo el mundo recopilar datos sin precedentes sobre su composición, estructura y comportamiento bajo una intensa radiación solar.
Más allá de la fascinación por una remota posibilidad de contacto, 3I/ATLAS representa un hito científico invaluable. Ya sea como un raro cometa interestelar que ofrece pistas sobre la formación de otros sistemas estelares, o como el catalizador de un profundo cambio de paradigma en nuestra comprensión del cosmos, su estudio enriquece nuestro conocimiento. Este misterioso viajero cósmico sirve como un recordatorio tangible de que la exploración espacial está repleta de incógnitas y que la curiosidad, acompañada de un escepticismo saludable, es el motor que impulsa a la humanidad a buscar respuestas más allá de los confines de su propio sistema planetario.