La NASA captura una extraña formación en el Sahara, más antigua que los dinosaurios

Una imagen de la NASA captura la interacción milenaria entre la geología de la era Paleozoica y los vientos modernos en Mauritania, creando un contraste surrealista entre un mar de arena y un corredor desnudo.

Una nueva fotografía, capturada por un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) y analizada por el Observatorio de la Tierra de la NASA, ha desvelado un complejo fenómeno geológico y eólico en el desierto del Sahara. La imagen, que ha circulado en publicaciones especializadas, muestra tres colinas aisladas y sorprendentemente simétricas en Mauritania, conocidas como “mesas” o “mesetas”, actuando como gigantescas escultoras del paisaje desértico. Estas formaciones, reliquias de un mundo anterior a los dinosaurios, no son meros espectadores pasivos, sino agentes activos que, mediante su interacción con los vientos, dictan dónde la arena se acumula en majestuosas dunas y dónde es barrida por completo, creando un patrón visible desde el espacio.

La instantánea orbital revela un contraste dramático. Al este de las tres mesetas, extensas dunas brillan con los característicos tonos rojizos y dorados del Sahara. Sin embargo, en su flanco occidental, la arena desaparece casi por completo, dejando al descubierto un vasto corredor de suelo rocoso y árido. Este paisaje dicotómico no es una coincidencia, sino el resultado directo de un ballet atmosférico coreografiado por la antigua topografía. Según el análisis del Observatorio de la Tierra, vientos fuertes y predominantemente orientales transportan arena hacia las laderas orientales de estas montañas. Allí, la topografía frena las partículas, forzando su deposición y la formación de imponentes dunas ascendentes que, más allá de las mesetas, se transforman en campos de dunas barján, esas formas en medialuna icónicas de los desiertos.

image 7 La NASA captura una extraña formación en el Sahara, más antigua que los dinosaurios

La Batalla del Viento Contra la Piedra

El fenómeno al occidente es aún más intrigante. Las corrientes de aire, al comprimirse y acelerar al atravesar los estrechos pasillos que separan las mesetas, generan un efecto de erosión eólica conocido como deflación. En lugar de depositar arena, estos vientos canalizados y de alta velocidad actúan como una escoba cósmica, barriendo y removiendo las partículas sueltas de la superficie. El resultado es una extensa “zona de sombra eólica” o corredor libre de dunas, un vacío arenoso en medio del mar de polvo. Este delicado equilibrio demuestra cómo estructuras geológicas relativamente pequeñas pueden imponer un orden macro a la aparente aleatoriedad del desierto.

Estas mesetas no son simples montañas de roca desnuda. Están cubiertas por un fino pero resistente barniz de desierto, una pátina oscura formada durante milenios por la deposición de arcilla, manganeso y óxidos de hierro, un proceso en el que participan incluso microorganismos. Este barniz, que sobrevive a la erosión gracias a su dureza, confiere a las formaciones su tono negro azabache, haciéndolas parecer sombras permanentes proyectadas sobre la tierra. Es este color oscuro el que, al absorber más calor, posiblemente influya también en los micro-patrones de circulación de aire a su alrededor.

Ecos de un Mundo Perdido: El Legado de la Era Paleozoica

La verdadera importancia de estas mesetas trasciende su impacto visual inmediato. Los geólogos identifican estas estructuras como testigos silenciosos de la era Paleozoica, un período que abarcó desde hace aproximadamente 541 hasta 252 millones de años. En aquel tiempo remoto, las tres mesetas no existían como entidades separadas; formaban parte de una única y vasta formación montañosa. A lo largo de decenas de millones de años, los implacables ciclos de erosión —primero por agua, en un clima posiblemente muy diferente, y luego por el viento— trabajaron meticulosamente para fracturar y aislar estas colinas, dejando los resistentes pilares que se observan hoy.

Estas formaciones de Mauritania no son únicas en el planeta, sino parte de una familia geológica de mesetas aisladas que se encuentran en diversos desiertos. Sin embargo, la claridad con la que exhiben su influencia sobre la dinámica de las dunas las convierte en un laboratorio natural excepcional. Su estudio desde plataformas orbitales como la EEI o satélites de observación terrestre proporciona datos cruciales para comprender los procesos de erosión, transporte de sedimentos y la evolución del paisaje a escala planetaria, conocimientos análogos a los utilizados para interpretar la superficie de Marte.

  ¿Te gusto la noticia? compártela en tus redes sociales.
error: