¿Resucitaron los ovnis? La mirada del investigador Rodrigo Bravo sobre el informe ovni del Pentágono
Por Rodrigo Bravo Garrido @ecobufon
El pasado 25 de junio de este 2021, fue publicado el informe sobre fenómenos aéreos no identificados que el Pentágono presentó al Congreso de Estados Unidos. Este compendio reanimó un debate mediático sobre uno de los temas más controversiales de nuestra era, los ovnis.
Como está escrito, la era moderna de los ovnis germina en Estados Unidos en el año 1947, cuando un piloto denuncia la observación de nueve objetos que volaban de manera errática en los cielos del Estado de Washington.
Así comienza el desarrollo de un fenómeno sociológico occidental, hoy global, desplegando un conjunto de propuestas con tal de esclarecer, por cierto informalmente, manifestaciones
anómalas, teniendo presente que la llamada ufología basa su estudio casi exclusivamente en los reportes de testigos.
Al trazar que este fenómeno es sociológico, esto se condice directamente en lo propuesto por el psiquiatra Carl Jung en 1958, a través de su libro “Un mito moderno sobre cosas que se ven en el cielo”, texto en el cual bosqueja el traspaso humano de todo lo relacionado con la temática ovni, desde una perspectiva psicológica, a través de los llamados arquetipos. Dicha noción, con claridad influenciada por la tendencia esotérica y simbólica de Jung, todavía es la inspiración para largas discusiones metafísicas más que ufológicas.

Sin sumergirnos en los indescifrables y especulativos misterios de la mente humana, los hechos concretos nos evidencian que, desde el nacimiento de la era moderna de los ovnis, hubo un gigantesco despliegue mediático y literario de esta cuestión, integrándose con otros contenidos, muchos de ellos quiméricos y arrancados desde la ciencia ficción, los que se complementaron además con el inicio de la Era Espacial. Si a esto le añadimos una sociedad angustiada por la llamada Guerra Fría, sumado al desarrollo de una aguda crisis filosófica con una vertiginosa secularización, el escenario global fue moldeado perfectamente para pensar y creer que estábamos siendo visitados por seres inteligentes provenientes del espacio.
Ahora bien, a pesar de la construcción histórica de la ufología, desde una figura psicosociológica, es imposible negar la existencia de un fenómeno físico que ha estado presente en nuestros cielos y que, además, el ser humano ha podido dejar registro escrito a través de su Historia. El punto clave, es que muchos de estos insólitos reportes han logrado tener explicación a medida que la ciencia ha evolucionado en la adquisición de nuevos conocimientos. Sin embargo, todavía ciertas manifestaciones no las tienen y algunas de ellas han provocado serios incidentes de vuelo en los espacios aéreos. Por y para ello, existen diferentes grupos oficiales que intentan buscar la solución a estos enigmáticos encuentros u observaciones, con el propósito específico de salvaguardar las operaciones aéreas, estudiando este fenómeno desde sus efectos, sin entrar en las potenciales e indescifrables causas.
De hecho, la investigación oficial no es una cosa de los últimos años, al contrario, ha estado de la mano con la misma historiografía ufológica. Así es como han preexistido en Estados Unidos múltiples proyectos de investigación de ovnis: Proyecto Sign (1947); Proyecto Grudge (1949); Proyecto Libro Azul (1952-1962); Comité Condon (1966-1968) y AATIP (2007-2012).
En paralelo, otros países también han desarrollado sus propios comités oficiales de investigación ufológica y que aun se mantienen en funcionamiento, como son: Sobeps de Bélgica (1971); Geipan de Francia (1977); Cridovni de Uruguay (1979).
Chile no ha estado ajeno a este escenario, incluso es pionero en la región y uno de los primeros países con este tipo de investigaciones a nivel global, después de Estados Unidos. En 1968, fue creada la Comisión Chilena para Estudios de Fenómenos Espaciales No Identificados (También llamada Comisión Bravo), la cual se estableció en la Dirección Meteorológica de Chile, culminando sus funciones en 1975. Luego, en el año 1997 se crea el Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos (Cefaa), el cual hasta nuestros días es el encargado del análisis de estos reportes en la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).
Como podemos observar, el estudio de los ovnis no es algo nuevo, y el informe del Pentágono tampoco obedece a una primicia acerca del sondeo de este tipo de fenómenos.
La información recibida por el Congreso de Estados Unidos el 25 de junio del 2021, ha sido el resultado de una serie de eventos, junto a la complicidad de diversos individuos que se involucraron a partir de la desclasificación de videos captados por aeronaves de combate de la Armada norteamericana.
La génesis y desarrollo de esta trama, se puede resumir cronológicamente con hitos que fueron marcando la pauta.
Los Hechos
a) El 16 de diciembre del 2017 el New York Time publicó un artículo que se traduce: Auras refulgentes y el dinero negro; “El misterioso programa de ovnis del Pentágono”. (https://nytimes.com/2017/12/16/us/politics/pentagon-program- ufo-harry-reid.html?smid=url-share)
La crónica redactada por Helene Cooper, Ralph Blumenthal y Leslie Kean, menciona a personas que ya tenían alguna vinculación con los ovnis en Estados Unidos, y es ahí donde se comienza a entender la genuina dimensión de este asunto, la que esencialmente es política más que ufológica.
Por primera vez se menciona el AATIP, Advanced Aerospace Threat Identification Program (Programa Avanzado de Identificación de Amenazas Aeroespaciales), proyecto que se mantuvo en el Pentágono desde 2007 hasta el año 2012, y que fue propuesto por el Senador Harry M. Reid.
Reid fue un senador entre los años 1987 y 2007 por el Estado de Nevada. Su cercanía al tema de los ovnis nace desde su amistad con el empresario Robert Thomas Bigelow, propietario de Bigelow Aerospace, una entidad privada dedicada a la investigación espacial y de nuevas tecnologías.
Bigelow, desde hace décadas que es un interesado en la ufología y como antecedente está su vinculación directa con la famosa Encuesta Roper, la cual en septiembre de 1991 efectuó un sondeo a 5947 ciudadanos norteamericanos, donde 119 encuestados, es decir un 2%, respondieron afirmativamente que habían tenido alguna experiencia con aparentes extraterrestres, lo que llevado proporcionalmente a los 185 millones de habitantes de ese entonces, otorgó el asombroso resultado de que en ese momento, existían 3,7 millones de abducidos en Estados Unidos.
El programa AATIP propuesto por el Senador Reid, intercambió información con Bigelow Aerospace, incluyendo recursos dentro del presupuesto de 22 millones de dólares con que fue financiado. Para algunos investigadores escépticos, ese dinero no se compara con el patrimonio de Robert Bigelow, por lo que la relación entre el Pentágono y la empresa aeroespacial estaba más bien direccionado al respaldo gubernamental y a todas las influencias que pudieron alcanzarse. Acá es donde empieza el articulado político.
El New York Time hizo alusión a un nuevo y controversial personaje, Luis Elizondo, un ex agente de inteligencia, el cual, inmediatamente abandonando el Pentágono formó parte de una organización privada llamada TTSA, To The Stars Academy Of Arts and Science (Acadaemia de Arte y Ciencia para las Estrellas), junto con Tom De Longe, el líder de la banda Blink 182.
El ruido que hizo este primer artículo con toda la potente información que exhibió, fue complementada inmediatamente con la supuesta desclasificación de tres videos provenientes de la US ARMY, los cuales solicitó To The Stars Academy directamente al gobierno de Estados Unidos, es por ello que no correspondieron a la liberación de material secreto, sino que simplemente a la muestra de registros gracias a la exigencia ciudadana. Estos videos son el llamado Nimitz (2004), Gimbal y Go Fast (2015), todos obtenidos de cámaras infrarrojas montadas en aeronaves de combate y que lograron grabar objetos difusos, en los dos primeros, y en el último, se registró un pequeño aparato que se desplazaba a gran velocidad en sentido contrario a la cámara y muy por debajo de la altitud de vuelo de la aeronave.
b) Así, en el mes de agosto del año 2018, Luis Elizondo expone a un grupo de investigadores el AATIP y explica que no tan solo formó parte de este proyecto, sino que además fue él quien lo dirigía.
c). Con esta febril atmósfera, el New York Time publica, el 28 de mayo del 2019 y con los mismos periodistas, un segundo reportaje muy similar al de 2017, pero esta vez más punzante y controversial, ya que hace alusión directa a los tres videos, minimizando la importancia del AATIP o de TTSA, salvo por la suntuosidad que se le dio a Luis Elizondo, pero enfocándose muy claramente en los ovnis ya con el acrónimo que en aeronáutica se utiliza para estas manifestaciones: UAP (Fenómenos Aéreos No Identificados).

d) Fue tal la importancia que este nuevo reportaje le otorgó a la figura de Elizondo, que la propia portavoz del Pentágono, Susan Gough, en una conferencia de prensa en junio de 2019, señaló que efectivamente él fue un ex agente de la OUSD, Subjefatura de Inteligencia de Denfensa, pero no del programa Algo no cuadraba en este cúmulo de crónicas, pero luego el 11 de septiembre, el portavoz de operaciones de la marina norteamericana, Josep Gradisher, señaló que los tres videos presentados inicialmente por TTSA y el New York Time eran reales y exhibían UAP.
Es acá donde el Congreso de estados Unidos toma cartas en el asunto y le ordena al Pentágono la elaboración y entrega, en 20 meses, de un informe acerca de estos registros y de toda la información que disponga para el 25 de junio del 2021.
El Informe del Pentágono
El Informe señaló la existencia de un fenómeno aéreo no identificado (UAP) y que el equipamiento electrónico de las aeronaves militares no estaba diseñado para captar nítidamente este tipo de manifestaciones.
A su vez y a raíz de los tres videos señalados con anterioridad, se reconoció que la US NAVY estableció en el año 2019 un protocolo para estandarizar los informes de UAP emitidos por pilotos, lo que se complementa con el reconocimiento de 144 casos, de los cuales solamente uno logró ser esclarecido y que la mayoría de esos reportes fueron recibidos a partir del 2019. Por otra parte, el informe señala además que se requiere un mayor presupuesto para continuar las investigaciones de estos fenómenos.
Hasta ahora, el informe dejó al descubierto cosas bastante interesantes y que es necesario señalarlas para proyectar toda la actividad ufológica que se nos viene:
- Reconoce oficialmente la existencia de un fenómeno aéreo anómalo (Punto que abre un nuevo debate y deja muy satisfecho a los interesados en lo ovnis y en especial a quienes son creyentes de las hipótesis que intentan explicarlos, pero en especial a los amantes de los extraterrestres).
- No menciona la palabra o concepto extraterrestre para calificar estas (Punto que deja muy satisfechos a los escépticos).
- Confirmó que desde el año 2019 la US NAVY posee un protocolo estandarizado de recepción de casos para sus pilotos y el personal de
- Al confirmar la existencia de 144 casos, desde el año 2004, y que de ellos no se pudo establecer ninguna explicación, genera una suspicacia sobre las reales funciones del famoso AATIP entre los años 2007 y 2012, demostrando además que dicho programa no hizo una investigación con el nivel que se espera para un comité que depende del gobierno de los Estados Unidos.
- En sus nueve páginas, este informe no expuso lo que muchos esperaban, pero si meritoriamente estipuló conceptos que dejaron a la comunidad ufológica completa con una sensación de bienestar, desde los negacionistas a los más fervientes creyentes y contactados, declarando además la urgente necesidad de consignar un mayor presupuesto para la creación de un grupo interdisciplinario de trabajo, con tal de estudiar estas singulares manifestaciones no identificadas.
Conclusiones
El pasado 24 de junio del 2021 se cumplieron 74 años del nacimiento de la era moderna de los ovnis y al revisar velozmente su historiografía, podemos establecer que, en este tiempo y sumado a los registros previos, no existe un ápice que al menos nos entregue una elucidación inicial para este singular fenómeno.
A pesar de que se reniegue todo lo que conlleve al tema, incluso vedando su contexto físico y asociándolo a proyecciones netamente individuales o psicológicas, con efectos de masa o fenómenos sociológicos, la realidad material del fenómeno aéreo no identificado supera a la misma ciencia. La evidencia son los reportes donde se exhiben incidentes de vuelo en diversos espacios aéreos del mundo.
Lo que hay en concreto, son únicamente mínimos destellos, en sentido literal, lo que permite la proyección de todo el razonamiento humano y por supuesto una exacerbación de las creencias, con tal de explicar ciertas anomalías que se manifiestan en nuestra realidad.
Es un hecho, sin duda alguna, que Estados Unidos ha utilizado esta temática para fines gubernamentales y castrenses, de tal manera que, a la sombra de los ovnis, ha podido efectuar maniobras militares, experimentos tecnológicos secretos y una serie de otras actividades las cuales, con esta táctica de desvío de información ha disfrazado su política exterior, donde incluso este mismo contexto o más bien la novela del informe podría estar resguardando algún evento significativo, del cual con mucha suerte recién sabremos en unos años más.
Ahora, que los ovnis cada cierto tiempo sean ridiculizados, muertos y enterrados, da lo mismo. Con el tiempo, siempre vuelven a resucitarlos… y acá estamos, una vez más hablando de ellos.
Por Rodrigo Bravo Garrido @ecobufon







