¿Sondas extraterrestres en la sombra de la Tierra? Un nuevo método científico busca artefactos alienígenas ocultos
Investigadores proponen usar la sombra terrestre como filtro natural para detectar objetos desconocidos en órbita, eliminando interferencias humanas
La búsqueda de inteligencia extraterrestre ha dado un giro innovador. Mientras proyectos como SETI escanean el cosmos en busca de señales de radio, un equipo de científicos ha propuesto un método radicalmente distinto: utilizar la sombra de la Tierra como un “filtro cósmico” para detectar posibles artefactos alienígenas ocultos en nuestro sistema solar. Publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, el estudio sugiere que esta técnica podría revelar sondas no humanas que, hasta ahora, habrían pasado desapercibidas entre la creciente contaminación espacial.
La contaminación orbital: un desafío para la caza extraterrestre
Actualmente, miles de satélites activos y millones de fragmentos de basura espacial orbitan la Tierra, creando un entorno caótico para los astrónomos. Distinguir un objeto artificial de origen desconocido entre este maremágnum de escombros y tecnología humana es casi imposible con métodos convencionales. Sin embargo, la sombra terrestre —una región en forma de cono donde la luz solar no llega directamente— ofrece una solución inesperada.
Según el estudio, cualquier objeto dentro de esta zona oscura no reflejaría luz solar, lo que eliminaría automáticamente satélites y desechos convencionales de la ecuación. Solo quedarían aquellos con fuentes de luz propias, como propulsores o sistemas de comunicación avanzados, que podrían delatar su presencia. “Es como apagar las luces de una habitación para ver solo lo que brilla en la oscuridad”, explica el Dr. Alberto Caballero, coautor del estudio.
Tecnología y hallazgos preliminares
Para probar su teoría, los investigadores analizaron más de 200.000 imágenes del Zwicky Transient Facility (ZTF), un telescopio en California especializado en detectar fenómenos transitorios. Utilizaron un algoritmo llamado NEOrion para rastrear anomalías dentro de la sombra terrestre.
Entre miles de candidatos —en su mayoría meteoros, aviones o asteroides conocidos—, hubo un caso intrigante: un objeto no catalogado que se movía a una velocidad inusualmente alta y no coincidía con ninguna base de datos existente. Aunque no se pudo confirmar su origen, su comportamiento atípico abre la puerta a futuras investigaciones. “No podemos afirmar que sea extraterrestre, pero tampoco podemos explicarlo con lo que conocemos”, admitió la Dra. Beatriz Villarroel, autora principal.
Futuro de la búsqueda: ExoProbe y más allá
El equipo no se detiene aquí. Están desarrollando ExoProbe, una red de telescopios que empleará observaciones simultáneas desde múltiples ubicaciones para triangular la posición exacta de objetos sospechosos. Además, planean revisar archivos astronómicos previos a 1957 —año del lanzamiento del Sputnik— en busca de anomalías que pudieran ser artefactos interestelares antiguos.
Otro enfoque prometedor es el análisis espectral. Si un objeto muestra signos de erosión por exposición prolongada al vacío espacial —como ciertas aleaciones metálicas—, podría tratarse de una sonda viajera. “Estamos buscando agujas en un pajar cósmico, pero ahora tenemos un imán más potente”, concluye Caballero.
Aunque no hay evidencia definitiva de sondas extraterrestres en órbita, este método representa un avance significativo en la búsqueda de technofirmas cercanas. Al combinar astronomía tradicional, inteligencia artificial y física de sombras, los científicos han añadido una herramienta poderosa al arsenal de la astrobiología. Quizá, como sugiere Villarroel, “la respuesta no está en las estrellas lejanas, sino en nuestro propio patio trasero espacial”.